lunes, 16 de abril de 2012

COnceptos claros de Travesti, transexual, crossdresser etc

Transformismo



El transformismo, es un sustantivo usado para referirse en su mayoría a personas de sexo masculino que ocasionalmente adoptan los modismos culturales (maquillaje, vestimenta, gestos, forma de hablar) que convencionalmente se le asignan al sexo contrario. Esto puede estar relacionado o no con la identidad sexual. Muchas culturas incluyen esta práctica como una expresión artística, como es el caso de los onnagatas del teatro kabuki japonés, o los actores masculinos que representaban roles femeninos en la ópera tradicional china, así como también se acostumbraba en el antiguo teatro de algunos países de Europa.
Un ejemplo moderno podrían ser las películas hollywoodenses Victor Victoria (1982) y Tootsie (1982).
Entre los actores masculinos que se han vestido de mujer en actuaciones, programas de televisión o películas, están los estadounidenses Eddie Murphy, Tyler Perry, los hermanos Shawn, Marlon Wayans, Rob Schneider, Michael Rosenbaum, Harland Williams, John Travolta, Johnny Depp (Antes de que anochezca, Ed Wood), Hugh Laurie, Robert De Niro (Stardust), el mexicano Gael García Bernal y el colombiano John Leguizamo. Probablemente Tim Curry, en su papel de Frank N. Furter, sea uno de los casos más conocidos. Interpretó "Just a Sweet Transvestite From Transsexual Transilvania" (dulce travestido de la transexual Transilvania) en The Rocky Horror Picture Show (El show de terror de Rocky, la película).

Travestismo




El travestismo o transvestismo[1] es una identidad transgénero en la que una persona de determinado género biológico utiliza la vestimenta socialmente asignada al género opuesto (cross-dressing o crossdressing). El travestismo puede implicar un deseo transexual del individuo en que desea que se le reconozca como una persona del género opuesto en la que su identidad de género es discordante a su género biológico.[2] El travestismo puede presentarse en personas de diferentes orientaciones sexuales y por diversos motivos como la infiltración, las representaciones dramáticas, el entretenimiento, el transformismo, la adaptación social y como fetichismo.
El cross-dressing es recurrido frecuentemente en varios géneros dramáticos para la representación artística de personajes; cuando una persona adopta por motivos artísticos la actitud y manerismos de un personaje, éste se convierte en transformismo. El drag es un tipo de transformismo en el que se practica el cross-dressing con motivos satíricos. El travestismo como un fetiche o parafilia sexual es conocido como fetichismo travestista y descrito en el "Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales".[3]
La principal diferencia entre el transvestismo y la transexualidad es que en el primero, la discordancia existe entre el género y los roles sociales asignados a cada género (discordancia del cisgénero), mientras que en la transexualidad, existe una discordancia entre la identidad de género propia y el género biológico.

Contenido


Origen del término



Sarah Bernhardt como Hamlet (c. 1880-1885).
La palabra travestismo (aceptada como tal por la Real Academia de la Lengua Española)[4] es una alteración o adaptación hispana de la palabra transvestite. La palabra transvestite fue creada por el médico, sexólogo y activista alemán Magnus Hirschfeld, siendo publicada por primera vez en su obra de 1910, Die Transvestiten: eine Untersuchung über den erotischen Verkleidungstrieb ("Los travestidos: una investigación del deseo erótico por disfrazarse").[5] Etimológicamente la palabra proviene del latín trans, cruzar o sobrepasar; y vestite, vestire o vestitus, términos que significan vestir. El término sirvió para describir a personas que voluntariamente utilizaban vestimentas socialmente asignadas al género opuesto.[6]
El término, como tal, ya existía antes de su establecimiento para referirse a este tipo de comportamiento, pero era utilizado para referirse al subgénero dramático del burlesque victoriano, el travesty (posible origen etimológico italiano o francés). El travesty es un tipo de burlesque que ridiculiza de manera trivial o cruda los temas socialmente dignificados.[7] En las representaciones dramáticas del travesty era común la ridiculización de los preceptos de la etiqueta social y el comportamiento de la aristocracia, por lo que frecuentemente se recurría al cross-dressing y al drag para lograr una completa sátira del tema.[8]
Antes del establecimiento del término se utilizaban términos similares para referirse al cisgénero discordante presente en las personas. Entre los más comunes se encontraban los términos utilizados como peyorativos que referían al afeminamiento o la masculinización y otros términos como: ginomania, andromania, fetichismo de afeminamiento/masculinización y hermafroditismo físico.[9]

Historia



Marcel Duchamp como Rrose Sélavy (1921).
El travestismo y otras identidades trangénero (cross-dressing y drag) han estado presentes en diferentes aspectos mitológicos en diferentes culturas antiguas. Un ejemplo de la cultura griega cuenta la anécdota en la que Thetis, madre de Aquiles, escondió a su hijo vistiéndolo de mujer para evitar que fuese enlistado para el servicio militar de Odiseo en la Guerra de Troya.[10]
El transvestismo también se presenta en diversos relatos floklóricos como Hua Mulan, balada china que cuenta la historia de una mujer que se enlista en el ejército haciéndose pasar por hombre.[11] El transvestismo es considerado como una abominación en la percepción bíblica, estableciendo que un hombre no debe usar los ropajes que le corresponden a una mujer y vice versa, de manera que se cometa una rebelión o irrespeto contra lo que Dios designó en las personas (refiriéndose a la percepción discordante del género biológico).[12]
Existen diferentes personajes históricos que han transgredido las normas sociales convencionales al recurrir al cross-dressing y al transvestismo. Una historia cuenta el proceso en el que una mujer, la Papisa Juana, se convierte en el primer pontífice femenino cuando engaña a la iglesia al disfrazarse de hombre para ser electa para el Papado.[13] En tiempos de la Edad Media existieron otros personajes que recurrieron al cross-dressing para evadir las normas sociales como Juana de Arco y Catalina de Erauso. Juana de Arco se convierte en el primer líder militar femenino en Francia en la Guerra de los Cien Años y siendo ejecutada por una corte católica quien declaró que merecía la hoguera por herejía y haber tomado un papel exclusivamente masculino.[14] En cambio, Catalina de Euraso se disfraza de un hombre para escapar de un convento, luego convirtiéndose en exploradora.[15]
En el siglo XVIII los género dramáticos incluían la participación de miembros del elenco masculino que se disfrazaban de personajes femeninos o vice versa. En la Comedia de la Restauración y el teatro kabuki eran frecuentes en el elenco los actores transvestidos. Algunos cross-dressers en el siglo XVIII fueron: las piratas Anne Bonny y Mary Read, la militar Ulrika Eleonora Stålhammar, Bonnie Prince Charlie, el actor de comedia de Restauración Edward Kynaston y la marino Hannah Snell.
En el siglo XIX y XX, el cross-dressing se convierte en un elemento importante en diversos espectáculos de variedad del show business del siglo XIX. Elenco de determinado género presentándose como personajes del género contrario se concentraban en espectáculos de burlesque, minstrel, vaudeville y revue.[16] En tiempos de la Guerra de Secesión, la Primera Guerra Mundial se registraron algunas mujeres que combatieron disfrazadas de hombres.[17] Algunos cross-dressers del siglo XIX y el siglo XX incluyen a: Chevaler d'Eon, George Sand, Dorothy Lawrence, Nellie Farren, Marlene Dietrich y Billy Tipton.

Cross-dressing

El cross-dressing o crossdressing es la práctica en la que se utiliza la vestimenta socialmente asignada al género opuesto.[18] El cross-dressing tiene diversos motivos, pero no tiene un motivo específico. El cross-dressing es estereotípicamente y erróneamente asociado como una conducta transexual u homosexual, siendo posible su manifestación en cualquier orientación sexual y no necesariamente relacionándose a un género u orientacion específica. El cross-dressing se manifiesta de manera poblacionalmente mayor entre hombres heterosexuales.[19]
El cross-dressing ha tenido diversos propósitos a lo largo de la historia, ubicándose principalmente como un método de rebelión en el que transgredían los preceptos sociales tradicionales religiosos, militares y educativos. El cross-dressing fue determinante en el desarrollo de la igualdad de género, presentándose en diferentes íconos históricos que lucharon por obtener la ventajas sociales que le eran proporcionadas al género opuesto. El cross-dressing es utilizado como elemento artístico y en algunos casos como identidad sexual.[20]

Características



Twee figuren: travesties uit de Lapin Agile (1950) del pintor belga Gustaaf Sorel.
Los travestis son personas que adoptan características físicas y psicológicas propias del sexo opuesto, es decir, en ocasiones adoptan las vestimentas y actitudes convencionalmente designadas y utilizadas por el sexo opuesto. La persona no se siente satisfecha desempeñando exclusivamente el género asignado a su sexo, y le gusta representar ambos géneros.
Los travestidos, a pesar de sentirse bien con el sexo que nacieron y no tener especial problema con su género, sienten una peculiar satisfacción escenificando al sexo opuesto. Se considera que los travestidos son personas que padecen cierto grado de disforia de género, lo que hace que acaparar el género opuesto les resulte atractivo.
Es importante matizar que, comúnmente, estas personas aceptan su sexo y su identidad sexual biológica y no tienen conflicto con su cuerpo y genitales. A diferencia del transexual, no se sienten presos en un cuerpo equivocado. Los travestis visten con ropas impropias de su sexo, con el objetivo de transgredir normas sociales, y por añadir matices y ampliar su género e identidad sexual. En definitiva, les gusta ser flexibles para adoptar indistintamente los géneros masculino y femenino. El travestismo siempre supone, para quien lo realiza, un acto de transgresión.
Algunos autores consideran que toda mujer que se viste de varón es transexual, no travesti, porque lo que caracteriza al travesti varón es la excitación sexual que le provoca el hecho de vestirse de mujer y la mirada del otro ante la revelación de lo que oculta bajo sus ropas mientras que en el caso de las mujeres que se visten de varón esto no ocurre. La mujer no sólo no se excita sino que se avergüenza si se descubre su identidad femenina.[21]


Travestis (kathoey) tailandeses.

Travestismo, transgénero o crossdressing

Algunas personas llegan a modificar físicamente sus cuerpos mediante hormonas, depilación del vello corporal e incluso cirugía para feminizar o masculinizar sus cuerpos. El objetivo de estos cambios es lograr un aspecto más femenino (si es hombre) o masculino (si es mujer), sin llegar a la operación de cambio de sexo porque no tienen conflicto con su sexo biológico. No quieren cambiar de sexo, sino tomar una apariencia física acorde a su propia expresión de la identidad de género que desean, como es el caso de un alto porcentaje de los Kathoey tailandeses. En estos casos hablaríamos de personas "transgénero", individuos que tienen aceptado el sexo con el que han nacido, pero se sienten a disgusto con el género propio de su sexo, así que reniegan de su género prefiriendo manifestar el contrario y llegan a modificar su físico. En pocas palabras, son hombres que deciden ser femeninos, y mujeres que deciden ser masculinas.
Aunque no se da en todos los casos, las personas transgénero, si bien se sienten a gusto con sus órganos sexuales pélvicos externos, porque además los consideran fuente de placer, han decidido expresarse socialmente con en el otro género del que les fue asignado al nacer.
En parte de la comunidad trans ha empezado a utilizarse recientemente el término crossdresser (acotado: CD) para designar a aquel que, independientemente de su orientación sexual, cambia de ropas y aspecto adoptando los del otro género, pero sin identificarse con éste excepto durante el tiempo que dure la experiencia travestista. Por contraposición, un travesti sería la persona que se siente identificada con el género al que cambia en todo momento, incluso si está vestido con su ropa habitual, en tanto que un transexual sería la persona que no se siente identificada con el género que se le asignado "legalmente" al nacer. La diferencia entre estos términos proviene, por tanto, del grado de identificación que el sujeto tiene con el género al que se cambia.[22]

Travestismo y orientación sexual

En el DSM IV aparece en la lista de los Trastornos sexuales y de la identidad sexual dentro de la sección Parafilias como F 65.1 Fetichismo transvestista [302.3] y el diagnóstico no puede hacerse en los casos en los que el transvestismo aparece en el transcurso de un trastorno de la identidad sexual.[3]
El trasvestismo puede ser un antídoto para la ansiedad o la depresión que ayuda al individuo a obtener una sensación de paz y tranquilidad.
El grado con el que el individuo se trasviste depende del hábito corporal y su habilidad. Puede hacerlo tanto de manera ocasional y en solitario como involucrarse completamente en la subcultura trasvestista. Algunos llevan una sola prenda femenina de ropa interior o lencería escondida bajo su atuendo mientras que otros prefieren vestirse y maquillarse como mujer.
En el caso descrito por el DSM IV, que sólo se da en varones heterosexuales con un aspecto completamente masculino, el individuo guarda una colección de ropa femenina que utiliza para trasvestirse y así masturbarse sintiéndose al mismo tiempo el sujeto masculino y el objeto femenino de su fantasía sexual. Esa prenda puede ser un objeto erótico en sí mismo y utilizarse luego de la masturbación para tener relaciones sexuales heterosexuales.
En general, aunque empieza en la infancia o en la adolescencia, el vestirse de mujer no se hace en público sino hasta que el individuo es adulto.
En ocasiones puede tener relaciones homosexuales pero no necesariamente.[3]
El sexólogo alemán Magnus Hirschfeld señaló en su obra clásica Die transvestiten (1910), y posteriores estudios han confirmado, que el travestido es casi siempre de orientación heterosexual, aunque algunos travestidos pueden ser bisexuales y más raramente homosexuales. El travesti busca expresar el lado femenino de su personalidad. Considera que su rol social masculino se lo impide y necesita recurrir a la ropa femenina para ello. De la feminidad suele destacar los rasgos de suavidad, elegancia y belleza.
En las mujeres el significado del travestismo es también una cuestión política y no una fantasía masturbatoria. El uso de vestimenta masculina ha sido considerado una grave violación de los mandamientos divinos por parte de las mujeres mucho antes de ser condenado por la ley civil y jurídica: [23]
Una mujer no se vestirá de varón y un varón no se pondrá ropa de mujer, y el que lo hace es una abominación a los ojos de Yahvé. (Deuteronomio 5 (22-5)
Ya a partir de la Edad media la práctica del travestismo en las mujeres fue considerada por la Iglesia una subversión de la política de la distinción de los sexos y acarreaba el peligro de una destrucción de la moral ya que cualquier transformación de nuestra apariencia humana significa desfigurar la obra divina.[24]
Desde Juana de Arco hasta George Sand el travestismo femenino ha tenido históricamente más de reivindicación política que de fantasía sexual. Vestirse de varón, para una mujer, significaba una gran rebeldía.[25]

Transgénero

Transgénero es un término general que se aplica a una variedad de individuos, conductas y grupos que suponen tendencias que se diferencian de las identidades de género heterosexuales (hombre o mujer) que normalmente, aunque no siempre, son asignados al nacer, y del rol que tradicionalmente tiene la sociedad.
Transgénero es el estado de la identidad de género de uno mismo (autoidentificación como hombre, mujer, ambos o ninguno) que no se corresponde con el "género asignado" a uno mismo (la identificación por parte de los demás de si se es hombre o mujer en función del sexo genético o físico). "Transgénero" no implica ninguna forma específica de orientación sexual; las personas transgénero pueden identificarse como heterosexuales, homosexuales, bisexuales, pansexuales, polisexuales o asexuales. La definición exacta de transgénero continua sin estar fijada, pero incluye:
  • "...persona cuya identidad no se conforma sin ambigüedades a las normas convencionales de género masculino o femenino, pero que las combina o se encuentra entre ellas."[1]
  • "Personas que fueron asignadas un género, generalmente al nacer y en base a sus genitales, pero que sienten que esta es una descripción falsa o incompleta de ellos mismos."[2]
  • "La no identificación con, o no presentación como, el género que uno fue asignado al nacer."[3]
Un individuo transgénero puede poseer características que normalmente se asocian a un determinado género, identificarse de otra manera dentro del continuó del género tradicional o existir fuera del mismo como "otro," "agénero," "intergénero," o "tercer género". Las personas transgénero pueden identificarse también como bigénero, o en diversos puntos del continuó transgénero, o en contínuos más inclusivos que se han desarrollado como respuesta a los estudios más detallados que se han hecho en años recientes.[4]
Aunque muchas personas se identifican simplemente como transgénero, la identidad transgénero incluye múltiples categorías que se solapan. Estas incluyen la transexualidad, el travestismo, la androginia, el genderqueer, el cross-dressing y gente que vive cruzando géneros como drag kings; y drag queens.[5] El fetichismo transvestista no se incluye generalmente ya que se consideran una parafilia, no algo relacionado con la identificación de género.

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Identidades transgénero

El transgénero consta de siete diferentes identidades: transexualidad, transvestismo, drag, genderqueer, androginia, bigénero trigenero. Dichas identidades se relacionan porque prevalece una discordancia entre el género biológico, el cisgénero y los roles socialmente asignados a determinado género biológico, identificándose con las características de género del sexo opuesto.

Transexualidad

Artículo principal: Transexualidad.


Euan McIver como pantomime dame.
La transexualidad es una identidad en la que el individuo se identifica, desea vivir y ser aceptada como una persona del sexo opuesto a su género biológico. La transexualidad presenta una discordancia entre la identidad de género propia y el género biológico asignado en el nacimiento; surgiendo el deseo de que astralmente se pertenece al género opuesto, pero se manifestó en el género biológico equivocado. El deseo transexual se define la incorfomidad con el género anatómico, provocando que el individuo busque que su apariencia física y genitales sean lo más congruentes posible a su verdadera identidad de género a través de cirugías y tratamientos hormanales de reasignación de género (cambio de sexo).[6]

Transvestismo y cross-dressing

El transvestismo o travestismo es una identidad en la que el individuo utiliza prendas socialmente asignadas al género opuesto, es decir, se identifica mejor con la moda del género opuesto que con la moda del género propio. El transvestismo puede o no estar ligado a la orientación sexual, siendo posiblemente relacionado con un deseo transexual de ser identificado como una persona del género opuesto. Estereotípicamente se asocia al transvestismo con la homosexualidad.
El cross-dressing o crossdressing es una identidad en la que simplemente se utiliza la vestimenta del género opuesto. El cross-dressing no tiene un motivo específico. El cross-dressing es estereotípicamente y erróneamente asociado como una conducta transexual u homosexual, siendo posible su manifestación en cualquier orientación sexual y no necesariamente relacionándose a un género u orientacion específica. El cross-dressing se manifiesta de manera poblacionalmente mayor entre hombres heterosexuales.[7] El cross-dressing ha sido utilizado como método de transgresión social, en el que diferentes personajes históricos tansgredían los convencionalismos sociales y religiosos de un género como el derecho a la educación, la participación militar y los preceptos religiosos. El cross-dressing es frecuentemente utilizado como elemento artístico en las representaciones dramáticas.[8]

Drag

El drag es una identidad sexual similar al transvestismo en el que la persona utiliza ropa socialmente asignada al género opuesto para la representación dramática de un hombre (drag king) y una mujer (drag queen) de caricatura o sátira. El drag puede estar ligado a cualquier orientación sexual, pero se limita únicamente a la representación artística o dramática.[9] En el drag es frecuente la imitación de celebridades de la farándula, exagerando la forma de vestir y haciendo un burlesque de los convencionalismos de la sociedad como los preceptos del código de etiqueta social.[10]
El drag surge en el siglo XIX como un método para provocar la hilaridad del espectador. Era frecuentemente utilizado en diversos espectáculos populares dedicados al entretenimiento como el burlesque, el travesty, la extravaganza, el vaudeville, el revue y la pantomima.[11]


Genderqueer

Artículo principal: Genderqueer.
El genderqueer (identificado como género intermedio o intergénero) es una identidad en la que el individuo se identifica como masculino y femenino, masculino o femenino, o ninguno de los dos géneros. En el caso de que se perciba a si mismo como masculino y femenino, existe una identidad bigénero; si no se percibe como masculino, ni como fememenino, entonces existe una identidad agénero.

Androginia

Artículos principales: Androginia e Intersexualidad.
La androginia es el término con el que se identifican los rasgos sexuales presentes en un cuerpo y género al que naturalmente no pertenencen. La androginia regularmente involucra una elección voluntaria de género, en la que la persona puede verse como masculino, femenino o ambos.
Algunos rasgos sexuales que determinan la androginia son: hermafroditismo (funciones atípicas de genitales), hirsutismo (presencia de vello androgénico en un cuerpo femenino, causado por el exceso de andrógenos) y ginecomastia (desarrollo anormal de la glándula mamaria en un cuerpo masculino).

Bigénero

El bigénero un concepto que describe la conducta de una persona en la que surge un tipo de transformismo en el que la persona rota su personalidad a masculino y femenino, dependiendo el contexto. El individuo se identifica a sí mismo como masculino y como femenino, pero altera su percepción de género, adaptándose a las circunstancias sociales.
Transexualidad
Transexualidad es la convicción por la cual una persona afirma pertenecer al género opuesto a su condición anatómica.[1]
Consiste en la existencia de un conflicto con el género asignado al nacer en los casos en que la identidad de género del individuo no coincide con el cuerpo anatómico. Una persona transexual es aquella que encuentra que su identidad sexual está en conflicto con su anatomía sexual. El deseo de modificar las características sexuales externas que no se corresponden con el sexo con el que se sienten identificadas lleva a estas personas a pasar por un proceso llamado de transición para adaptar su cuerpo al género al cual se sienten pertenecientes. A esto se le suele denominar operación de "cambio de sexo" pero el cambio existe previamente en la psique de la persona transexual.
Lo que se modifica no es el sexo sino la apariencia de sus genitales sexuales externos mediante una cirugía de reconstrucción genital y sus caracteres sexuales secundarios mediante una terapia de reemplazo hormonal.
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Terminología
Los términos y conceptos en torno a la transexualidad no están muy consensuados de momento, sobre todo porque se trata de una minoría poco atendida y estudiada. De hecho, probablemente los mayores esfuerzos por avanzar en su estudio están surgiendo por parte de la misma comunidad de personas transexuales. Sin embargo, en esta misma comunidad tampoco existe un consenso con respecto a los términos.


- También se debate si la forma más correcta de denominar a la transexualidad es transexualismo, transgénero o transgenerismo. El género gramatical de los términos utilizados para describir a las personas transexuales siempre se refiere al género de destino, es decir, a la identidad sexual con la que se sienten identificadas. Por ejemplo, un varón transexual es alguien que fue identificado como mujer al nacer debido a sus genitales, pero que se identifica como varón.
Los investigadores del tema deberían ser conscientes de que los textos médicos anticuados[cita requerida] a menudo se refieren al sexo anatómico original de la persona; en otras palabras, se refieren en masculino a una mujer transexual y viceversa. En la actualidad, este uso se recibe con un gran rechazo.
- La palabra "travesti" en general es considerada ofensiva[cita requerida], ya que confunde los términos de travestismo y transexualidad.
- En vez de "transexual", algunas personas prefieren decir "transexualizada/o", puesto que piensan que el término -sexual (contenido en "transexual") da lugar a confusiones. Otro motivo es que consideran que es una palabra más en línea con el término "intersexual", puesto que muchos grupos transexuales acogen en su seno a personas intersexuales, con las que opinan que tienen muchos aspectos en común.
Psiquiatría
A mediados del siglo XIX los médicos comenzaron a interesarse en los llamados trastornos de la identidad que afectaban principalmente a la identidad sexual: Nicholas Friedreich (1830), Jean Étienne Dominique Esquirol (1840), Richard von Krafft-Ebing (1892) y Moll (1892).
A principios del siglo XX,
Henry Havelock Ellis y Magnus Hirschfeld (1910) identificaron un cuadro clínico al cual denominaron “travestismo”. Spengler (1914) estudió el tema desde el punto de vista de la medicina jurídica.
El término “transexualidad” fue acuñado en 1953 por
Harry Benjamin, quien propuso un tratamiento con hormonas del sexo con el que se identificaban sus pacientes para aliviar su malestar. En 1973 John Money denominó este cuadro “disforia de género”.
Los primeros intentos de reasignación sexual mediante tratamiento hormonal y quirúrgico se realizaron de forma discreta y no se expusieron a la opinión pública: el primero del que se tiene noticia, citado por Hirschfeld, se realizó en 1912; más tarde se dieron algunos pocos en Berlín, Praga, Gran Bretaña e Italia, descritos por su discípulo Felix Abraham. También se sabe de algunos realizados por los médicos nazis.
La primera operación de la que se tienen datos fue en 1930, cuando el pintor danés Einar Wegener le pidió al doctor
Magnus Hirschfeld que lo transformara en mujer. Wegener falleció poco después debido a las secuelas de la operación.[2]
La primera tentativa exitosa que se dio a conocer al público, con repercusiones mundiales, se le practicó en Copenhague en 1952 a un ex soldado del ejército estadounidense, George Jorgensen, joven de origen danés - más tarde conocida como Christine y elegida “Woman of the year” en 1954 -. El endocrinólogo Christian Hamburger, el psiquiatra George Stürup y los cirujanos Poul Fogh-Andersen y Erling Dahl-Iversen fueron los encargados de la operación.[3]
El psiquiatra americano Robert Stoller fue el primero que describió la transexualidad como una condición diferenciada. La relacionó con la identidad de género en contraposición al sexo biológico.[4]
La primera comprobación de Stoller fue que las mujeres transexuales, aunque deseadas como varones, reconocidas sin equívoco y bien aceptadas como tales, presentan desde su primera infancia un comportamiento femenino, tanto en sus elecciones de vestimenta, sus juegos y gestos, como en la entonación de su voz y su vocabulario.[4]
De la definición y el diagnóstico de transexualidad depende la prescripción terapéutica para la reasignación hormonal y quirúrgica del sexo.[4]
Siguiendo el razonamiento de Stoller, no se comprende por qué se rechazaría la solicitud de intervención quirúrgica, ya que no es ni neurótica, ni perversa, ni psicótica; ni por qué una identidad transexual bien anclada no encontraría una solución beneficiosa en la cirugía. Sin embargo, Stoller la rechazaba.[5]
Los errores en el diagnóstico pueden tener como consecuencia la descompensación psicótica de los pacientes después de la operación.[4]
Con el tiempo la transexualidad ha abandonado progresivamente su lugar en los registros patológicos y el tratamiento se ha liberado de restricciones terapéuticas: el cambio de sexo está ahora a disposición de quien lo desee en muchísimos países. En 1988 el endocrinólogo de los Países Bajos Louis Gooren fundó la cátedra de transexualismo en la Facultad de Medicina de la Universidad Libre de Amsterdam (Vrije Universiteit of Amsterdam), en el departamento de Endocrinología, para enseñar a los profesionales la detección precoz de la transexualidad y su tratamiento hormono-quirúrgico.[6]
El Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales o DSM IV de la Asociación Psiquiátrica Americana clasifica la transexualidad dentro de los Trastornos de la Identidad Sexual [F64][7] , razón por la cual organizaciones transexuales de todo el mundo se manifestaron el 16 de octubre de 2009 para que en la revisión (el DSM-5 saldrá en mayo del 2013) desaparezca la transexualidad como patología[8]
La Organización Mundial de la Salud lo incluyó como síndrome médico en 1977 en una una resolución adoptada en la XXIX Asamblea Mundial de la Salud. La CIE-10 define tres trastornos diferentes: trastorno de la identidad sexual de la infancia, transvestismo de rol doble y transexualismo; en el DSM IV, estas tres entidades están recogidas dentro de una misma categoría, denominada trastorno de la identidad sexual. Según el DSM IV la insistencia por parte de un individuo de ser del otro sexo no debe ser considerada delirante.[7]
Existen dos componentes en el trastorno de la identidad sexual que deben estar presentes a la hora de efectuar el diagnóstico. En primer lugar, debe haber pruebas concluyentes de que el individuo se identifica, de manera sólida y persistente, con el otro sexo, lo cual constituye el deseo de ser, o la insistencia de que uno pertenece, al género opuesto del asignado al nacer.
Esta identificación con el otro sexo no consiste en el deseo de obtener las supuestas ventajas relacionadas con los usos sociales; es necesario que existan también pruebas de malestar persistente provocadas por el género asignado o un sentimiento de inadecuación con el papel de dicho género.[7]
Este diagnóstico no debe realizarse si el individuo padece una enfermedad física intersexual pues los individuos con trastorno de la identidad sexual poseen unos genitales normales (en contraste con los genitales ambiguos o el hipogonadismo encontrados en las enfermedades físicas intersexuales, como por ejemplo el síndrome de insensibilidad a los andrógenos o la hiperplasia suprarrenal congénita).[7]
Para efectuar el diagnóstico de trastorno de la identidad sexual deben existir pruebas de malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo.[7]
Muchos individuos con trastorno de identidad sexual acaban socialmente aislados. Este ostracismo conduce a una baja autoestima y puede contribuir a un sentimiento de aversión hacia la escuela que provoque su abandono en los casos de personas en edad escolar.[7]
El rechazo y las burlas de los compañeros producen con frecuencia secuelas persistentes en estos niños, y las inclinaciones e intentos suicidas, los trastornos relacionados con el consumo de sustancias y la depresión clínica se encuentran a menudo asociados a este cuadro, especialmente en adolescentes.[7]
En adultos puede haber síntomas de ansiedad y de depresión.
Datos estadísticos sobre la población total de los países más pequeños de Europa sugieren que 1 de cada 30.000 varones y 1 de cada 100.000 mujeres desean tratamiento quirúrgico.[7] Los problemas de identidad en los niños y adolescentes no se definen como trastornos mentales en el DSM IV.
Criterios diagnósticos
Algunas diferencias con el travestismo, la homosexualidad y la intersexualidad:
  • En la persona travesti (persona que gusta vestir con ropas pertenecientes al género opuesto al suyo) y homosexual no existe ningún conflicto entre su sexo biológico y su género, mientras que en la persona transexual su identidad sexual no coincide con su sexo biológico. Por ejemplo, un varón travesti, aunque se vista de mujer, sigue considerándose un hombre vestido de mujer.[1]
  • Travestis y homosexuales gozan de sus genitales, mientras que la persona transexual los padece y rechaza. Ni travestis ni homosexuales pretenden operarse, mientras que en el caso de transexuales la operación puede percibirse como algo necesario.
  • Algunos autores consideran que toda mujer que se viste de varón es transexual, no travesti, porque lo que caracteriza al travesti varón es la excitación sexual que le provoca el hecho de vestirse de mujer y la mirada del otro ante la revelación de lo que oculta bajo sus ropas, y afirman que en el caso opuesto esto no ocurre, ya que defienden que la mujer no sólo no se excita sino que se avergüenza si se descubre su identidad.[9]
  • Las intersexualidades son patologías con bases fisiológicas, genéticas, biológicas, y que se definen por la existencia de contradicción de uno o más de los criterios morfológicos que definen el sexo (estructura cromosómica, gónadas, genitales internos y externos, caracteres sexuales secundarios), como por ejemplo el síndrome de Klinefelter, el síndrome del varón XX, el síndrome de Turner, la agenesia mülleriana, la agenesia gonadal, la disgenesia gonadal mixta y la pura, el síndrome de la super mujer XXX, el síndrome de doble YY (XYY), el hermafroditismo ginandroide, la masculinización idiopática, la hiperplasia suprarrenal congénita, etcétera.[10]
    En cambio la persona transexual se tiene a sí mismo como perteneciente al sexo diferente al que resulta de su dotación cromosómica y su morfología; ésta no ofrece dudas, pero la persona la rechaza; se trata, pues, de un supuesto de confrontación entre la identidad de género, tal como es sentida por el propio sujeto y el sexo biológico, la dotación cromosómica, órganos sexuales externos e internos, caracteres sexuales secundarios.[11]
Rechazo a la anatomía de destino
El concepto de diferencia sexual propio de la Modernidad se apoya en los binarismos clásicos hombre/mujer, masculino/femenino. El transgenerismo y las sexualidades nómadas nos plantean interrogantes sobre la polaridad masculino/femenino y masculinidad/feminidad, así como sobre las nociones de verdad o falsedad en relación con estas categorías.[12]
El planteo acerca de que la identidad sexual es arbitrariamente atribuida a partir de una lógica de la bipartición es tan cierto como falaz. Guarda en sí la ilusión libertaria pero imposible, residual del siglo XIX, de que los seres humanos pueden elegir al margen de sus determinaciones y sin constricciones. La respuesta filosófica, política y científica a esto consiste en reconocer que esta arbitrariedad no es eterna ni fijada para siempre
Hemos mostrado en capítulos anteriores cómo aún en las sociedades que reconocen una tercera categoría, sexualmente intermedia —como los berdaches entre los cheyennes, los xanith de Omán y lo mahu tahitianos,[14] donde los casos de género andrógino funcionan en una tripartición-, los individuos deben escoger una identidad para toda la vida y atenerse a las reglas prescriptas de comportamiento[15] sexual.
Si (bien) masculino y femenino corresponden al orden de la creencia, de los enunciados compartidos con los cuales toda sociedad establece sus premisas sosteniéndose en una lógica de la disyunción, sería reductivo y banalizante suponer que por ello son fácilmente descartables.
La distribución de género se establece, usualmente, a partir del correlato con el sustrato anatómico del niño, regido por formas de clasificación sostenidas por los modos con los cuales ciertas reglas de cultura imponen esta distribución.
Hemos hablado en otros capítulos de los cambios profundos que se han producido en la actualidad, sobre todo respecto a las nuevas cuestiones propuestas por el transexualismo y el travestismo, que hacen estallar la cómoda bipartición y los enlaces instituidos. El rehusamiento a que la anatomía defina el destino del deseo marca, de manera absolutamente inédita en la historia, el carácter no natural ni determinado biológicamente de la sexuación, poniendo de relieve, por una parte, que no hay contigüidad entre la naturaleza y la cultura.
Las intersexualidades y las transexualidades en sentido amplio - variedad de subjetividades que no encuentran cabida en la dicotomía masculino/femenino, presentaciones queer o diversidades sexuales y de género- aparecen como un desafío a los conceptos de la Modernidad sobre la diferencia sexual y de género.[1]
Pero mientras que en algunas intersexualidades se cuestiona la clasificación binaria hombre/mujer, en la transexualidad se acepta; simplemente, el individuo transexual pone en duda el lugar que en ella se le asigna.[16]
La persona transexual acepta que existen dos géneros pero considera que biológicamente pertenece al equivocado.
La persona transexual se siente víctima de un error que se expresa en la convicción - consciente e inconsciente y que se sostiene desde la infancia- de que su identidad sexual no coincide con su sexo anatómico. Esto ocurre en una persona biológicamente normal, a diferencia de los intersexuales, y es una convicción que lo puede conducir a someterse a una operación de "cambio de sexo".[1]
Lo rechazado no es la bipartición masculino/ femenino sino la anatomía de destino.
Solicitud de intervención quirúrgica
El tratamiento tiene como objetivo disminuir la importancia de los caracteres sexuales secundarios del sexo rechazado. En el caso de personas biológicamente varones sometidas a un tratamiento feminizante, se reduce la musculatura y se genera una involución de los testículos y el pene, un desarrollo de los pechos y una mayor importancia de las envolturas adiposas mediante un tratamiento endocrinológico. Se suprimen el pene y los testículos, se crea una neovagina y se reduce la nuez mediante diversas intervenciones quirúrgicas. También se depila el vello mediante electrocoagulación o eliminación de los folículos pilosos por láser.[6]
En el caso de personas biológicamente femeninas sometidas a un tratamiento virilizante, el efecto consiste en una reducción de las masas adiposas y los pechos, un aumento de la musculatura, la aparición de una pilosidad masculina y un cambio del tono de voz, que se vuelve más grave mediante tratamiento endocrinológico. Se realiza una ablación de los pechos, procedimiento simple, y la confección de un neopene y un escroto con técnicas quirúrgicas mucho más complejas. La erección debe ser facilitada por una prótesis interna.
La cirugía de adecuación o de reasignación del sexo es una terapia que la ciencia considera puede ser apropiada para mejorar el estado de salud (bienestar psicofísico) o calidad de vida de un sujeto transexual, reviste naturaleza paliativa y contribuye a la salud integral de la persona transexual y a la constitución de su identidad de género.[11]
Sin embargo no todos los que solicitan esta intervención quirúrgica son transexuales.[1]
Pueden darse en casos de mujeres hipocondríacas que quieren quitarse los senos por temor al cáncer de mama. [9]
También puede aparecer en ciertas psicosis clínicas, algunas formas de homosexualidad y en el travestismo.[1]
En ninguno de estos casos se trataría de transexuales.
Lo que define al transexual no es la demanda de cirugía, ni la necesidad de operarse, sino la fuerte convicción de pertenecer al sexo opuesto.
El quid de la transexualidad es la de la identidad de género; la persona transexual posee la convicción de que es una mujer encerrada en el cuerpo de un varón o un varón encerrado en el cuerpo de una mujer y quiere cambiar su cuerpo para adaptarlo a esa identidad.[1]
La mujer transexual no siente placer sexual vistiéndose de mujer, simplemente se siente mujer, y puede sentirse atraída por los varones o por las mujeres (en el caso de ser homosexual), pero le provoca rechazo que sus parejas sexuales se interesen por su pene.[9]
El hombre transexual no siente placer sexual vistiéndose de varón, se siente apropiado. Puede sentirse atraído por mujeres u hombres (en el caso de ser homosexual), pero le provoca rechazo que sus parejas sexuales se interesen por sus genitales.[9]
Quieren ser amados como varones, y la mayoría quedan satisfechos si se eliminan las partes femeninas de sus cuerpos, no sintiendo la necesidad de adquirir genitales masculinos.[9]
Las mujeres transexuales se dan con mayor frecuencia que los hombres.
Algunos autores plantean la hipótesis de una diferencia radical entre ellos, ya que los hombres transexuales son casos menos frecuentes y menos estudiados, pasan más desapercibidos y muchos logran vivir y trabajar como varones, [9] a diferencia de las mujeres, que muchas veces terminan dedicándose a la prostitución por no encontrar otro tipo de trabajo.
Pueden incluso tener hijos mediante inseminación artificial de donante anónimo.[9]
En algunos países, los partidarios del fenómeno “trans”, que engloba a todos los que cuestionan los límites impuestos por el sexo - sean transexuales, transexualistas, travestis, drag queens, drag kings, butchers, queers...-, consideran que nuestra cultura posmoderna ya ha entrado en la era del postransexualismo y, en algunos casos, combaten las prácticas hormo-quirúrgicas y no expresan más que su deseo de adecuación en lo que se refiere a su “habitus” social. [6]
Debates
A principios del siglo XX se abrieron nuevas posibilidades para las personas transexuales gracias al progreso de los conocimientos endocrinológicos y los tratamientos hormonales. En la actualidad las personas que se sienten así tienen la posibilidad de concretar un cambio de sexo real a raíz del desarrollo médico-quirúrgico y tecnológico. Ahora es posible modificar la apariencia sexual del cuerpo humano. [6]
Esto ha ocasionado no pocas paradojas:
  • El 4 de junio de 2011, a pesar de que el matrimonio entre personas del mismo sexo no está aceptado por la jurisprudencia francesa, se casaron en Nancy, Francia, dos mujeres. Élise es una transexual operada y con documentos femeninos mientras que Stephanie es una transexual que aún no tramitó su cambio de género en el documento (se desconoce si está operada o no), por lo cual en sus documentos figura como del sexo masculino. Por lo tanto, para la ley, se trata de un matrimonio entre un varón y una mujer. [17]
  • El 29 de junio de 2008 Thomas Beatie, un transexual varón, tuvo su primer hijo del cual sería el padre y no la madre.
La reacción de la sociedad frente a la transexualidad, el transexualismo y el transgenderismo ha generado un intenso debate de compleja problemática en el orden médico, psiquiátrico, psicológico, jurídico y ético.
Los antropólogos sociales, los psicólogos, los psicoanalistas, los sociólogos, los médicos psiquiatras, cirujanos y endocrinólogos, juristas, magistrados y filósofos han tenido que ponerse a reflexionar sobre sus consecuencias.
Aparecieron así los siguientes debates:
  • Objeciones al establecimiento de una norma heterosexual que excluya otras subjetividades y otras formas de sexualidad.[1]
  • Discusiones acerca de la implantación de técnicas médicas capaces de modificar radicalmente los cuerpos sexuados.[1]
  • Polémicas sobre la fertilización asistida en parejas no heterosexuales y sobre la constitución de nuevos tipos de familias, que plantean la necesidad de analizar la cuestión de las identificaciones en dichas estructuras familiares.[1]
  • La solicitud de reconocimiento legal de las personas transexuales plantea problemas de carácter social al vincularse a las decisiones de las diferentes instancias jurídicas que tienen que pronunciarse en los casos de litigio.[18]
  • Especificar lo que permitiría al Registro Civil definir a un individuo como perteneciente al sexo masculino o al sexo femenino.[6]
  • El derecho tiene que reexaminar la definición jurídica de sexo para otorgar o no el reconocimiento de un cambio de sexo en las personas transexuales operadas con las consecuencias que esto ocasionará en el campo del derecho (derecho al matrimonio, a la adopción, etc).[6]
  • Al modificarse el sexo en el documento se modifican tanto las reglas de filiación como los concepto de paternidad y maternidad; el derecho debe decidir qué es un padre y qué es una madre.
 Causas de la transexualidad
Hasta ahora, no se ha producido ningún descubrimiento concluyente relativo a sus causas. “No sabemos por qué se produce el transexualismo", dice el doctor Louis Gooren, director de la cátedra de Transexualidad en la Facultad de Medicina de la Universidad Libre de Amsterdam [19]
Causas psicológicas propuestas
Durante la historia se han propuesto muchas causas psicológicas del origen de la transexualidad; incluyendo la de la existencia de "madres dominantes y la ausencia de la figura paterna", "padres que han deseado tener un hijo del otro sexo", "homosexualidad reprimida", "alteración emocional", "abuso sexual"[cita requerida]
"Cura" de la transexualidad
Históricamente, los tratamientos psicológicos orientados a "curar" la transexualidad han sido un rotundo fracaso. En 1972, la American Medical Association Committee on Human Sexuality hizo pública la opinión médica dominante de que la psicoterapia no es efectiva para personas transexuales y que, además, la terapia de reasignación de sexo es más útil.
Un buen número de tratamientos que se utilizaron en el pasado son hoy en día considerados inefectivos para las personas con una significativa y persistente disforia de género, incluyendo la terapia de aversión, las medicaciones psicoactivas, la terapia electroconvulsiva, tratamientos hormonales permanentes con el género anatómico de nacimiento y el uso exclusivo de la psicoterapia[cita requerida].
La terapia reparativa orientada a personas homosexuales también ha sido aplicada a personas transexuales, ya que en ocasiones la transexualidad es vista como una homosexualidad extrema. Esta visión ha desaparecido hace mucho de casi todas las consideraciones científicas.
Mientras la escala de Kinsey expresaba una visión similar, la comunidad científica rechaza ahora esta parte de la teoría de Alfred Kinsey, considerando inútil esta terapia reparativa tanto para personas homosexuales como para personas transexuales.
Aunque muchas de las principales asociaciones profesionales de medicina han condenado repetidamente la terapia reparativa no sólo como ineficaz, sino como realmente dañina, esta continúa siendo defendida como un tratamiento para la homosexualidad y la transexualidad por varias organizaciones con vínculos al movimiento cristiano conservador[cita requerida].
Sin embargo, para algunas personas transexuales, las terapias orientadas a resolver estos conflictos, distintas de los tratamientos somáticos para reasignar el sexo físico, pueden ser eficaces y útiles. Algunas personas pueden tener conflictos más leves entre la identidad sexual y sus características sexuales físicas. Estos individuos pueden no desear someterse a un proceso de reasignación de sexo, pero pueden buscar asistencia para superar los conflictos a los que se enfrentan.
Si los individuos expresan su deseo de asistencia psicológica sin CRS, el asesoramiento de apoyo y psico-educativo puede ser de ayuda. Sus razones para renunciar al proceso pueden incluir preocupaciones familiares o profesionales, percepciones de la dificultad del proceso, miedo a la pérdida de su posición o rol social, firmes creencias religiosas, real o percibida incapacidad para financiar el proceso y/o una avanzada edad o problemas médicos crónicos, que pueden, en algunos casos, considerarse contraindicaciones médicas para la terapia hormonal o la cirugía de reasignación de sexo.
Estos individuos a menudo buscan métodos alternativos con los que puedan mejorar su calidad de vida, promover la aceptación de su identidad sexual y mejorar su baja autoestima causada por el conflicto. Estos métodos pueden ser tratamientos somáticos parciales o terapias hormonales reducidas, que permiten a los pacientes a vestir y vivir parcialmente en el rol de género que se corresponde con su identidad sexual. Permitir a la persona una válvula de escape segura para expresarse como varón o mujer puede proporcionar una gran satisfacción a los pacientes que, por una razón u otra, eligen no someterse al proceso de reasignación de sexo[cita requerida].
Causas físicas
Existen estudios que sostienen que existen causas físicas:
En un estudio de J.-N. Zhou, M.A. Hofman, L.J. Gooren y D.F. Swaab, de la Universidad de Ámsterdam, se indican similitudes estructurales y neuroquímicas entre el cerebro de las personas transexuales y el cerebro típico de las personas del sexo con el que se sienten identificadas.[20] [cita requerida] Tras este estudio, un segundo proyecto de Kruijver ha presentado idénticos resultados del primero e incluido controles que ayudan a resolver defectos que se alegaban al anterior.[21] Sin embargo, un reciente estudio de I. Savic y S. Arver, del Departamento de Neurociencia Clínica del Stockholm Brain Institute, realizado con 48 hombres y mujeres heterosexuales y 24 mujeres transexuales (H>M) no pudo confirmar los resultados anteriores.[22] Por otro lado, los resultados, muy similares a los dos obtenidos en 1995 y 2000 por el grupo de Swaab, dan evidencia clara de que la transexualidad, manifestada en mujeres transexuales, está asociada con alteraciones cerebrales.[23] Estos resultados se han confirmado por el análisis de reacciones localizadas en el cerebro a través de estudios realizados por electroencefalograma (EEG) y han mostrado que los del grupo transexual H>M fueron más similares a los del grupo de mujeres heterosexuales que a los del grupo de hombres.[24]
Estudios parecidos sostienen una fuerte tendencia a la herencia. (Concordance for Gender Identity Among Monozygotic and Dizygotic Twin Pairs. Diamond, M and Hawk, S. American Psychological Association 2004 Annual Meeting. July 28 - August 1, 2004, Honolulu, Hawaii.)[cita requerida].
Objeciones a la investigación de las causas
Muchos profesionales y activistas de los derechos de las personas transexuales consideran "muy racional" la búsqueda de una "causa" de la transexualidad. El supuesto en el que se basan es que la transexualidad es un hecho arraigado. Las críticas citan, entre otras cosas, descubrimientos historiográficos y antropológicos que apuntan al hecho de que en diferentes culturas había diferentes conceptos sobre el género, entre los que se incluyen la existencia de tres o más géneros[cita requerida].
El principal argumento contra la búsqueda de una "causa" de la transexualidad es que esto supone asumir a priori la legitimidad de la identidad de género impuesta socialmente, es decir, la que corresponde con los genitales externos. Esto, según los críticos de la investigación, es una controversia que no ha sido probada aún[cita requerida].. Investigaciones históricas muestran que la relación entre los genitales y la identidad de género varía a través de las culturas[cita requerida].. Asumir a priori que una variante es anómala (y que por tanto sus causas deben ser investigadas) distorsiona la visión científica del género y contribuye a la estigmatización[cita requerida].
Muy relacionada con este argumento, existe la creencia de muchas personas de que la transexualidad no es una enfermedad ni un trastorno mental y que no debería intentar curarse psicológicamente[cita requerida].
Proceso de reasignación de sexo
La mayor parte de las personas transexuales sienten un sufrimiento psicológico y emocional debido al conflicto entre su identidad sexual y el sexo que se les asignó al nacer. Algunas encuentran como única solución un Proceso de Reasignación de Sexo. Este proceso puede incluir tratamientos hormonales o someterse a la Cirugía de Reasignación de Sexo para modificar sus características sexuales primarias y secundarias.
La asociación internacional Harry Benjamin (en inglés, Harry Benjamin International Gender Dysphoria Association) publica cada año un manual de estándares especializados de asistencia y tratamiento de la transexualidad.
Requisitos para el tratamiento de reasignación de sexo
En España, para comenzar el tratamiento de reasignación se precisa un informe positivo por parte de un profesional (psicólogo, sexólogo, psiquiatra) en el que reconozca la necesidad de la persona de adoptar el nuevo rol de género y la adaptación de sus caracteres sexuales primarios y secundarios (mediante tratamientos hormonales o cirugías) para conseguir desenvolverse mejor en la sociedad. En dicho informe se hace constar además que la persona no presenta ningún trastorno mental que la induzca a tomar dicha decisión. El que no se tenga ningún trastorno mental no implica que la transexualidad no sea un problema de salud al que haya que dar respuesta médica, tal como reconoce la OMS.[cita requerida]
Además, se recomienda que la persona pase durante uno ó dos años un test de vida real o experiencia de vida real, que consiste en comenzar a vivir de acuerdo a la propia percepción de la identidad sexual, es decir, conforme al rol de género del sexo contrario al que le fue asignado a la persona transexual en el momento del nacimiento.
Este test no siempre es posible, ya que -sin hormonas y sólo mediante maquillaje y ropa- puede resultar complicado adaptar el físico a la anatomía deseada y pasar inadvertido. Para ello, los varones transexuales necesitarán al menos acceder a la terapia hormonal, mientras que la mayoría de las mujeres transexuales necesitarán además eliminar su vello facial, adiestrar su voz y, a veces, cirugía facial feminizante.
Tratamiento psicológico
El psicoanalista no debe pronunciarse sobre la conveniencia de someterse a las modificaciones físicas que la medicina y la cirugía ponen al alcance del individuo. Si acepta escuchar a la persona transexual como paciente es sólo para mostrarle la razón subjetiva de su demanda, así como las consecuencias que tendría el proceso. El tratamiento no apunta a la desaparición de un síntoma sino permitir al sujeto conocer lo que genera su malestar.[6]
En otros casos, el tratamiento psicológico se realiza como apoyo a la persona transexual durante su proceso de reasignación de sexo, debido a que durante ese primer período se pueden producir muchos cambios, y es necesario el ir asimilándolos al tiempo que ocurren. También debido a que pueden producirse actitudes de rechazo en el entorno (trabajo, vecindad, familia,...) es función del psicólogo el dotar al sujeto de los mecanismos psicológicos necesarios para sobrellevar estas contingencias.
La necesidad de tratamiento psicológico se subraya también debido tanto al alto índice de problemas de salud, incluidos la depresión, ansiedad y diferentes adicciones, como a la gran tasa de suicidios entre la población transexual.
Muchos activistas transexuales y especialistas defienden que estos problemas normalmente no están relacionados con su identidad sexual, sino con los problemas que surgen por la discriminación social que sufren.
Terapia hormonal sustitutiva
Tanto para las mujeres como para los varones transexuales la Terapia Hormonal Sustitutiva (THS) provoca el desarrollo de algunos de los caracteres sexuales secundarios del sexo deseado. Sin embargo, muchos de los preexistentes caracteres sexuales primarios y secundarios no pueden desaparecer mediante la THS. Por ejemplo, el pecho crecerá en las mujeres transexuales, pero no desaparecerá en los varones transexuales. El [vello] facial de los varones transexuales crecerá, pero normalmente no dejará de hacerlo para las mujeres transexuales[cita requerida].
Sin embargo, algunos caracteres (como la distribución corporal de la grasa y los músculos, así como la menstruación en los varones transexuales) pueden ser revertidos mediante el tratamiento hormonal. Desgraciadamente, algunos de esos caracteres volverán a aparecer al cesar el tratamiento hormonal, a no ser que se haya realizado una castración quirúrgica.
Además, especialmente en las mujeres transexuales, pero también en algunos varones transexuales, se precisa de la cirugía para un resultado físico satisfactorio. Las mujeres transexuales a menudo requieren depilación intensiva para hacer desaparecer el vello facial y corporal.
La terapia hormonal dura toda la vida
Cirugía de reasignación de sexo (CRS)
Artículo principal: Cirugía de reasignación de sexo.
La cirugía de reasignación de sexo consiste en procesos quirúrgicos que las mujeres y los varones transexuales llevan a cabo para armonizar su sexo anatómico con su identidad sexual. Puede centrarse en los genitales, denominada cirugía de reconstrucción genital, y en la que se pueden distinguir operaciones como la vaginoplastia, la metadoioplastia o la faloplastia. Pero también existen operaciones femenizantes o masculinizantes de caracteres sexuales no genitales, como puede ser una cirugía facial o una mastectomía.
La cirugía es muy cara, y excepto en los casos de las Comunidades Autónomas de Extremadura, Andalucía, Madrid, Aragón y Cataluña en España, no está cubierta por la Seguridad Social, y tampoco en todas partes por los seguros médicos privados. El precio varía notablemente, dentro del ámbito de la medicina privada. En España, la operación de vaginoplastia cuesta entre 12.000 y 18.000 €; mientras que la faloplastia es mucho más cara y puede alcanzar un precio de entre 24.000 y 36.000 €.
En otros países, los precios oscilan desde cifras similares en Canadá, Estados Unidos y la Unión Europea; a la mitad en Tailandia, e incluso menos en algunos países latinoamericanos.
En ningún caso se deberá asumir que un precio más elevado es una garantía de una mejor intervención, y es recomendable informarse bien y comparar resultados antes de tomar una decisión.
No todas las personas transexuales se someten a la cirugía de reasignación de sexo (bien por el alto coste de la operación, bien por riesgos médicos o por razones personales), a pesar de que vivan permanentemente en el rol de género del sexo con el que se identifican.
Aspectos sociales y legales
En España no se han realizado estudios sobre la prevalencia de la transexualidad en la población. Por ello, para poder establecer una cifra aproximada, debemos utilizar los datos del estudio realizado por Bakker, Van Kesteren, Gooren y Bezemer en Países Bajos en 1993 y realizar una extrapolación de las cifras, y que se han comprobado en 2007 para Bélgica: la prevalencia es de una persona transexual por cada 19.000 habitantes en todo el país (1:12.900 para mujeres transexuales y 1:33.800 para hombres transexuales), pero con diferencias significativas entre zonas urbanas (Bruselas) y más rurales, y entre Flandes y Walonia[25] Sin embargo, las cifras calculadas para el año 2011 por "gires - the Gender Identity Research and Education Society" del Reino Unido, muestran una prevalencia actual y futura mucho más alta de personas que podrían mostrar una disforia de género.[26]
Según el INE, en enero de 1998 la población española estaba formada por 39.852.651 personas, de las cuales 19.488.465 eran varones y 20.364.186 eran mujeres. El 90'62% del total de la población tenía más de 15 años, y si sólo consideramos la población mayor de 15 años y extrapolamos los datos del estudio holandés, la estimación de personas transexuales en España es de 2.087 personas, de las cuales habrá 1.408 mujeres transexuales y 607 varones transexuales.[27]
En el terreno legal y social, las personas transexuales suelen reivindicar dos derechos. Uno, mayor facilitad para modificar el sexo legal y, por otro lado, la cobertura sanitaria integral.
Sexo legal
Las personas transexuales que han comenzado a vivir en el rol de género del sexo con el que se sienten identificados suelen tener muchas dificultades a la hora de identificarse con documentos oficiales. Para ellos, ya que su documento de identidad indica un sexo legal diferente al que muestra su apariencia física, se complican desde gestos tan cotidianos como utilizar la tarjeta de crédito o comprar un billete de avión hasta gestiones tan básicas como acceder a un puesto de trabajo.
En España, la ley 3/2007, de 15 de marzo, reguladora de la rectificación registral de la mención relativa al sexo de las personas[28] permite el cambio de la mención de sexo en los documentos oficiales, incluyendo el registro civil y el D.N.I.. siempre que se cumplan los requisitos expuestos en la ley, es decir, tener la nacionalidad española, ser mayor de edad y estar acreditado por los correspondientes informes médicos.
El cambio se realiza por vía administrativa presentando en el registro civil correspondiente al lugar de residencia del interesado una solicitud acompañada de la documentación correspondiente.
Asistencia sanitaria integral
Se trata de la reivindicación histórica de la comunidad transexual. En 1989, ya el Parlamento Europeo instaba a los estados miembros el posibilitar el acceso a las personas transexuales a una asistencia sanitaria integral, cosa que en España de momento no se ha cumplido más que en la comunidad andaluza, que dispone de una unidad especializada en el hospital Carlos Haya de Málaga, y en la comunidad de Madrid en el Hospital Ramón y Cajal.
Transfobia
Artículo principal: Transfobia.
Probablemente, una de las grandes asignaturas pendientes para la comunidad transexual es la lucha por concienciar a la población de que la transexualidad no es una amenaza ni una aberración ni una enfermedad, es decir, la lucha contra la discriminación que genera la transfobia: el odio, miedo irracional o desprecio hacia las personas transexuales.
La transfobia se manifiesta de formas muy diversas: puede darse en el terreno laboral, en el contexto familiar, en el social o incluso en la misma persona transexual que no se acepta a sí misma. Sea cual sea la forma en que se manifieste, la base de la transfobia siempre es la negación de la identidad sexual de las personas transexuales, el prejuicio de que por haber nacido con los genitales del otro sexo "no son realmente mujeres" (las mujeres transexuales) o "no son verdaderamente hombres" (los hombres transexuales). Cuando se acepta que el sexo de una persona es su sexo psicológico, y deja de verse con rechazo, desprecio u odio el que una mujer (transexual) viva como la mujer que es o un hombre (transexual) viva como el hombre que es, se ha superado la transfobia.
En esta batalla, la comunidad que defiende los derechos de estas personas ha instaurado el 17 de mayo como Día mundial tanto contra la homofobia como contra la transfobia.
El movimiento transexual
A medida de que se han empezado a articular asociaciones en defensa de los derechos de las personas transexueles, la terminología se ha ido definiendo con mayor precisión. Actualmente, el movimiento sigue en desarrollo dentro de asociaciones de personas homosexuales, pero también con una fuerte tendencia a formar organizaciones independientes e, incluso, asociaciones específicas para varones transexuales y mujeres transexuales, por separado.
Transexualidad y homosexualidad
Los varones y las mujeres transexuales presentan la misma variedad de orientaciones sexuales que presentan las personas no transexuales[cita requerida]. Es decir, existen mujeres transexuales bisexuales, homosexuales, heterosexuales o asexuales; así como varones transexuales, bisexuales, homosexuales, heterosexuales o asexuales.
Es decir, la transexualidad está relacionada con la identidad sexual -el sexo con el que el individuo se identifica-, mientras que la homosexualidad se relaciona con la orientación sexual -el sexo por el que el individuo siente atracción sexual[cita requerida].
Sin embargo, incluso hoy en día se siguen confundiendo ambos términos, como ocurría hace décadas. Textos médicos anticuados describían la orientación sexual en relación con el sexo asignado, no con el sexo de identificación; en otras palabras, refiriéndose a una transexual de varón a mujer que se sentía atraída hacia los varones, como "un transexual masculino homosexual"[cita requerida].
De nuevo, hay que decir que este uso confuso de los términos es científicamente inexacto y clínicamente insensible hoy en día, y una persona como la descrita sería denominada actualmente (y ella misma se consideraría) una "mujer transexual heterosexual".
Crítica a la transexualidad desde el feminismo
Desde un sector del feminismo, se ha criticado a la transexualidad, considerándola como "una forma de perpetuar los roles de género y el heterosexualismo". Desde estas posición ha destacado especialmente Sheila Jeffreys quien considera a la cirugía de reasignación de sexo como una forma de "auto-mutilación" y "sadomasoquismo",[29] y opina que es consecuencia de la desigualdad de las mujeres, de la violencia masculina y de la opresión lésbica;[30] sus planteamientos sobre el tema se desarrollan en la obra Unpacking Queer Politics: A Lesbian Feminist Perspective. Un análisis similar ha sido realizado por Janice G. Raymond en su ensayo The Transsexual Empire: The Making of the She-Male.
La transexualidad en la juventud
Los individuos pueden hacerse conscientes de su identidad sexual en muchas etapas diferentes de su vida.En la mayor parte de los casos, la condición transexual se hace aparente en algún momento de la infancia, a veces en la infancia más temprana, en la que el niño o la niña puede expresar un comportamiento incongruente o una insatisfacción relacionada con el sexo asignado.[cita requerida].
La mayor parte del tiempo, sin embargo, estos niños intentan ocultar su ser diferente tan pronto como experimentan un rechazo como consecuencia de sus diferencias[cita requerida].
La seguridad del niño/a
Sólo en los últimos años, algunos niños y niñas transexuales han recibido asistencia y, en su caso, tratamiento médico, así como la posibilidad de cambiar su rol social. (Especialmente en Reino Unido y Países Bajos[31] )
Las familias con un niño, que se pueda identificar ya como miembro "del sexo opuesto", y que decida cambiar su rol de género mediante el vestido o el comportamiento, pueden decidir respetar la decisión del niño y mudarse a otra área o ciudad a fin de proporcionar al menor la mejor oportunidad de vivir en el rol de género deseado entre nuevos compañeros y en una nueva comunidad. Esto ayuda a evitar rechazos, abusos y acosos por parte de los sectores intolerantes de la sociedad.[cita requerida][32]
Gwen Araujo, de Newark, California, era una joven que intentó vivir como mujer, el sexo opuesto al que le habían asignado al nacer. Fue víctima de violentos crímenes que acabaron con su muerte, tras asistir a una fiesta en la que su sexo de nacimiento fue revelado.[33]
Películas como Ma Vie En Rose (1997), de Alain Berliner, o la película documental Creature (1999), de Parris Patton, describen escenarios de la transexualidad infantil.
La decisión de una mudanza, sin embargo, depende mucho del ambiente social y de la forma de manejar la situación de los cuidadores y de otros adultos. Hay también varios casos en donde no se considera necesaria una relocalización, especialmente en Europa Occidental.
Pubertad
La pubertad es especialmente difícil para los jóvenes transexuales ya que, mientras otros púberes se sienten excitados por sus cambios corporales y encantados con su crecimiento, los jóvenes transexuales llegan a quizás el peor estado de desarrollo anatómico de sus vidas: aquel que acentúa los caracteres sexuales que no corresponden con el sexo con el que se identifican.
Para empeorarlo, muchos endocrinólogos insisten en que las personas transexuales deben pasar la pubertad antes de que se les prescriba la terapia hormonal que podría haber prevenido la masculinización o femenización de su anatomía[cita requerida]. Debido a esto, las personas transexuales deben someterse a difíciles procesos que podrían simplificarse mucho más con una intervención temprana.[cita requerida].
Durante la pubertad, además, algunas chicas transexuales intentan autocastrarse, a menudo sin éxito, y automedicarse. Ambas opciones se consideran extremadamente peligrosas.





















4 comentarios:

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