domingo, 18 de enero de 2026

Una Historia alucinante del despertar de Gaby y su amigo de la infancia...

 




Reencuentro: De Canicas a Caricias
Éramos inseparables de niños. Él, el Beto, siempre fue el líder, el que se raspaba las rodillas y me defendía en el recreo. Yo era ese niño flaquito, de facciones delicadas, que siempre andaba a su sombra. La vida nos separó en la secundaria y el rastro se perdió entre mudanzas y años de silencio. Pero a mis 28 años, mi cuerpo decidió florecer de una manera que ni yo esperaba. Aproveché mi estructura fina: le di duro al gym para esculpir unas caderas y unas pompas que no le piden nada a nadie, me dejé crecer el cabello y dominé el arte del contouring. Ahora soy Gaby, y te juro que cuando me veo al espejo, hasta yo me gusto, jaja.
Me mudé a otra ciudad por trabajo y, para calmar la curiosidad, me metí a esos grupos de Facebook donde las chicas como yo, "morras con rama", mostramos lo que tenemos. Un día, publique un mensaje ahi en el grupo y entre todo, salio el comentario de alguien que me gustó y le reaccioné, todo normal, hasta que me mandó solicitud, aparecía como Ricardo, supuse que falso, pero me dio igual. De tez morena, torso marcado y una mirada que te decía exactamente lo que quería hacerte. Empezamos a chatear y la química fue una locura, era perverso pero tambien amable y caballeroso, jaja si me hacía sentir bonito, pasaron dos semanas de mensajes candentes, fotos de mi lencería de encaje y audios que nos dejaban sin aliento.
Pero entonces, llegó LA foto. Él sonreía frente al espejo y ahí estaba: esa pequeña cicatriz en forma de media luna sobre su ceja izquierda. ¡BUM! Mi corazón casi se sale de mi pecho. Era mi Beto. Mi mejor amigo de la infancia me estaba pidiendo fotos de mis piernas con medias de red sin saber quién era yo realmente. ¡Qué adrenalina, nena! En lugar de decir algo, el morbo me consumió. ¿Me reconocería? ¿Qué pasaría cuando viera que su fantasía era su antiguo "compa"? Jaja.
*La Cita en el Motel*
Llegué primero para tener el control. Elegí un motel de esos con luces tenues y espejos en el techo. Me puse un vestido de satén verde esmeralda que se deslizaba por mi cuerpo como agua; era tan corto que al caminar sentía el aire, y como toque final, unas zapatillas de tiras negras. Me perfumé con una fragancia dulce y oscura, y me senté a esperar, sintiendo cómo la humedad de la excitación y los nervios se mezclaban, jeje.
Cuando escuché los tres golpes en la puerta, sentí que me desmayaba. Abrí y ahí estaba: 1.85 metros de puro hombre. Su espalda ancha llenaba el marco de la puerta. Se veía más rudo, más imponente que en las fotos.
—"Gaby... por fin puedo verte de cerca," —soltó con una voz tan profunda que sentí un escalofrío delicioso por toda la columna.
Entró y cerró la puerta con llave, el clic del seguro sonó como una sentencia. Se acercó a mí con pasos lentos, como un depredador que sabe que ya atrapó a su presa. El olor de su loción, una mezcla de madera y tabaco, me golpeó de frente, trayéndome recuerdos borrosos de nuestra niñez que ahora chocaban con este deseo carnal.
Me tomó de la cintura con esas manos grandes y callosas, pegándome a su pecho firme. Yo tuve que ponerme de puntitas, sintiendo la suavidad de mi satén contra la rudeza de su pantalón. Me empezó a besar el cuello, buscando el punto exacto detrás de mi oreja, mientras sus manos bajaban sin prisa por mi espalda, disfrutando de la forma de mis caderas que tanto esfuerzo me costó moldear en el gym, jaja.
*El Momento de la Verdad*
Sus manos subieron lentamente por el dobladillo de mi falda. Yo contenía la respiración, esperando el momento del descubrimiento. Sus dedos rozaron la piel de mis muslos y luego, con una seguridad que me hizo gemir, llegaron a mi "sorpresa".
Se detuvo un segundo. Solo uno. Me separó un poco de él para mirarme a los ojos. Yo lo miraba a través de mis pestañas postizas, buscando esa cicatriz en su ceja, esperando su reacción. ¿Asco? ¿Confusión? Para nada, nena. Beto sonrió de esa manera pícara que tenía desde niño, pero ahora cargada de una intención puramente sexual.
—"Tienes algo que me vuelve loco, Gaby... y voy a disfrutar cada centímetro de ti," —me susurró, antes de cargarme y lanzarme a la cama.
En ese momento supe que, aunque quizá no había unido todos los puntos todavía, la conexión entre nosotros seguía ahí, transformándose en algo mucho más oscuro y rico. Se quitó la playera, dejando ver ese pecho moreno y marcado, y yo solo pude morder mi labio inferior, agradeciendo al destino por habernos juntado de nuevo en esa habitación, jaja. ¡Lo que siguió fue pura magia y fuego!






SEGUNDA PARTE EL DESPERTAR DE GABY Y SU AMIGO DE LA INFANCIA.



Cuando Beto se deshizo de su pantalón y quedó ahí, frente a mí, me quedé sin aliento. Era todo lo que imaginaba y más: un semental en toda la extensión de la palabra. Se subió a la cama y me jaló hacia él, quitándome el vestido de satén con una urgencia que me encantó. Sentir su piel morena, caliente y un poco rugosa contra mi piel suave, depilada y perfumada, fue el contraste más rico del mundo. Me sentía tan pequeñita entre sus brazos, tan protegida y a la vez tan expuesta, jeje.
Él no perdió el tiempo. Sus manos, que parecían abarcarme toda la cintura, empezaron a explorar cada rincón. Lo que más me prendió fue que, lejos de intimidarse por mi "sorpresa", parecía obsesionado con ella. Me besaba con una intensidad que me hacía ver estrellas, mientras sus dedos jugueteaban y me hacían entender que él tenía el control total. Cuando por fin nos unimos, sentí que mi hombría se terminaba de esfumar; en ese momento yo era Gaby, su mujer, su juguete y su perdición.
La sesión duró horas. No podíamos parar. Cada vez que terminábamos, él me miraba con esos ojos de cazador, me daba un beso de esos que te roban el alma y me decía: "No puedo creer que seas real". Su cuerpo vibraba cada vez que yo le hacía "ese" trabajo con la boca; se le ponía la piel de gallina y me apretaba el cabello con una fuerza que me decía que estaba en el cielo, jaja.
Pero lo más loco vino después. Dicen que hay sabores y sensaciones que se vuelven adictivas, y Beto... bueno, él cayó redondito.
Al día siguiente, mi celular no dejaba de vibrar. Mensajes a las 8 a.m., a las 10 a.m., a mediodía... me decía que no podía quitarse mi olor de la nariz, que cerraba los ojos y todavía sentía la suavidad de mis piernas en su espalda. Me confesó que había estado con muchas mujeres, pero que la mezcla de mi feminidad perfecta con ese "toque extra" lo había dejado enganchado como nunca. Se volvió una adicción. Me pedía fotos a cada rato, quería saber qué lencería llevaba puesta en la oficina y, sobre todo, ya estaba planeando dónde nos veríamos la siguiente noche.
Si Beto quedó enganchado, yo quedé marcada a fuego. Ese encuentro no solo fue una noche de placer, fue el interruptor que terminó de encender a la mujer que llevaba dentro. Sentir su fuerza, su dominio y la forma en que me reclamaba como suya hizo que algo en mi cabeza hiciera clic, jaja.
Desde esa noche, ya no me basta con ser "Gaby" a ratos. Ahora, cada vez que me veo al espejo, solo pienso en cómo ser más femenina, más delicada, más... mujer para él. Me obsesioné con los detalles: me compré cremas para que mi piel esté más suave que la seda, empecé a practicar posturas más coquetas y mi cajón de lencería se llenó de encajes todavía más finos y atrevidos. ¡Quiero que cada vez que me toque, sienta que tiene a una verdadera reina entre sus manos! jeje.
Esa sensación de ser su "nena" me tiene en las nubes. Me descubro a mí misma comprando vestidos que resalten más mi cintura y practicando con un maquillaje que me haga ver más dulce pero pecaminosa a la vez. Todo con un solo objetivo: complacer a Beto. Quiero que cuando nos volvamos a ver, él note que me he entregado por completo a mi feminidad, que mi cuerpo y mi esencia están diseñados solo para su deleite.
Ahora resulta que, según nosotros, nos vemos para "jugar play". Beto me manda un mensaje tipo: "Oye, vente a la casa, salió el nuevo juego, vamos a darle un rato". Y yo, claro, le sigo la corriente: "¡Va! Llego en media hora". Pero los dos sabemos perfectamente que el dichoso control de la consola es lo último que vamos a tocar, jeje...